sábado, 15 de octubre de 2011

Se cumplen 80 años de la condena a Al Capone, el mafioso que marcó una época

El Napoleón del crimen organizado había asesinado, chantajeado y estafado, pero la justicia lo enjuició por evasión fiscal.

Numerosos bares y restaurantes llevan hoy su nombre y decenas de películas narran su vida, pero en la realidad fue una asesino sin escrúpulos: Al Capone marcó toda un época y hace 80 años el jefe de la mafia fue condenado.

Fue el Napoleón del crimen organizado y como tal se veía él también. Alphonsus Gabriel Capone, a quien llamaban "Al" o se le conocía también como "Scarface", "Snorky", o "el gran compañero", dirigió la mafia como nadie lo había hecho jamás siendo una estrella.

Había asesinado, chantajeado y estafado, pero la justicia le condenó por algo totalmente diferente: por evasión fiscal. Hace 80 años, un 17 de octubre, se puso fin a una impresionante carrera en la historia del crimen, la del jefe de la mafia Al Capone.

Descendiente de inmigrantes, fue uno de los diez hijos de la familia y ya con 15 comenzó a trabajar con los gánsters. Con Francesco Ioele, alias Frankie Yale, aprendió el negocio principal de la mafia: el dinero que se cobraba por proteger a los comercios. Cuando el dueño de un bar o una tienda no quería pagar ese dinero, recibía la visita de Al Capone, y entonces, lamentablemente, se acababa siempre rompiendo algo. Es por ello que la mayoría de los locatarios pagaban.

Cuando todavía era un adolescente cometió su primer asesinato. Huyó a Chicago no por la policía sino por los gánsters rivales. Aquí comenzó su ascenso fulgurante. Se presentó como comerciante de muebles, y aseguraba que su cicatriz en la cara era una herida de guerra. Pero en realidad Capone, aunque pertenecía a la estructura militar de la mafia, jamás había entrado en un cuartel. Además, era de todo menos un comerciante modelo.

Chicago era una ciudad efervescente con juegos de azar, prostitución y chantaje. Cuando llegó, en 1919, se abría paso un nuevo negocio: el contrabando de alcohol. La prohibición de bebidas alcohólicas no sólo convirtió a algunos gánsters en millonarios sino también en hombres poderosos.

La policía y la justicia también se dejaron atrapar en el negocio, y algunos de sus representantes cobraban de los mafiosos. Cuando en cierta ocasión le preguntaron a Al Capone si se dedicaba al contrabando de alcohol, el mafioso respondió: "Por supuesto, y un par de nuestros mejores jueces beben mi producto".

"Desprendía sin esfuerzo una sensación de amenaza, aun cuando hablase en tono amable", escribió James O'Donell Bennett ya en 1929, en un libro sobre Al Capone. El delincuente vestía siempre siguiendo la moda, le gustaba la ópera y la buena comida. Le gustaba verse como un caballero, sin embargo nadie dudaba que era un criminal. La reportera Eleanor Medill Patterson se dejó impresionar por sus "ojos de gánster": "Gris acero. Fríos como el hielo. Casi podía sentir la amenaza".

"Siempre que un niño se cae del triciclo, un gato negro tiene cachorros grises, alguien se hace daño en el dedo del pie, hay asesinatos o incendios o los marines desembarcan en Nicaragua, todo el mundo grita "detengan a Al Capone"", se quejaba el propio mafioso.

Sin embargo, nunca se le pudo imputar nada. Hasta que el Estado se sirvió de un truco: si era rico tenía que haber ganado dinero, pero nunca pagó impuestos. Capone fue acusado y, arrogante, apenas se defendió. Todo un error, pues el 17 de octubre de 1931 fue declarado culpable y una semana más tarde se anunció la sentencia: once años de prisión.

Tan mala no iba a ser la cárcel después de todo, pues podría continuar llevando sus "negocios". Pero fue perdiendo poder rápidamente. Otros, más jóvenes y brutales, asumieron el control de las "familias" y Al Capone fue trasladado en 1934 a la famosa prisión de Alcatraz, instalada en una isla frente a San Francisco.

"Yo creo que Napoleón fue el más grande gánster de la historia. Pero como todos, no sabía cuándo llegaría el final", dijo Capone tras leer su biografía. Y al igual que el francés, el mafioso estuvo encerrado en una isla, pero no la de Elba, sino la de Alcatraz.

Allí fue un preso modélico. El 6 de enero de 1939 fue puesto en libertad antes de cumplir la condena por buen comportamiento. Vivió durante ocho años en Florida, donde falleció por una infección pulmonar. Los biógrafos estiman que su cuerpo estaba débil por la sífilis que sufrió durante años. Murió tan sólo ocho días después de haber cumplido los 48 años, tres más joven que Napoleón.

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